miércoles, 21 de octubre de 2015

Anestesia en segunda persona

Empieza cuando te callas
los gritos de hipócrita
frente a la cámara
Luego atas tu ninfomanía primitiva
y guardas sonrisas precocinadas en el congelador
para cuando no te apetezca ensuciarte las manos
También vuelves al porno y a Sabina
si es que alguna vez los dejaste de lado
Sacas de su escondite la agenda de polvazos
sonríes pero no ejecutas la llamada
Recordar con cariño sigue sin ser delito.
Pero ya has soltado los frenos.

Aun así sigues teniendo claro
que el nudo del estómago fue un nido de mariposas
cuando echabas de menos por lo que te quedaba por ser
en lugar de por lo que ya habías compartido
Que antes de comprar el reloj no era tan descabellado
envejecer con alguien que te había visto crecer
Que iríamos juntos a ikea y a cuidados paliativos
y seguirías contando conmigo
entre todo tu desequilibrio, que roza el maltrato
en medio de tu ciclotimia y tus hipnóticos
sin juzgar siquiera los sentimientos más crueles
(si es que se puede moralizar un sentimiento)

Entonces no habías caído en la cuenta
de que nadie piensa que le va a tocar la lotería
pero todos opinan lo mismo de los accidentes
En ese momento creías que un clavo saca otro clavo;
el brillo de tus ojos no te dejaba ver que a veces
la herida simplemente se infecta
y hay que arrancarlo
o amputarse.

Es imposible saber cuánto quieres a una persona
hasta que dejas de estar enamorado.