lunes, 1 de septiembre de 2014

I
La peor represión que existe es la autoinflingida. Llevo tres meses sin escribir, y no me pregunto el por qué, sino el hasta cuándo. Hasta cuando seguiré ajustando todas las mañanas el nudo Windsor de la garganta, pasando de largo el espejo no por descuido sino por miedo.
No sé qué puede salir de aquí.


II
Sé que no soy buena persona, pero ya no me importa: no me gustan las personas. Las personas tienen piel de sapo sin príncipe, bocas cerradas para callarse las verdades, ojos de hielo y hiel, piernas para irse lejos. Las personas siembran daño y recogen sueños: los tuyos.
Las personas odian a las personas. Las personas saben que duele más perder el tiempo que a las personas. Yo ya no quiero ser una persona. Solicito mi pasaporte de segundo.


III
La venda se ha descolgado de mis ojos
pero la tomo al vuelo y la sujeto fuerte
porque de la venda cuelgan los puentes
que me llevan a casa.

No hay nada que merezca la pena y no sea sinónimo de hogar.


IV
Hoy me siento como esos tendederos de azotea
decapitados por un Dios más sabio que el verdadero
con la certeza de que no escondían nada bueno

o al menos nada que el mundo mereciera saber.