lunes, 29 de diciembre de 2014

Como si se pudiera esquivar una bala que ya te ha atravesado.


he venido a confesar
que una vez me enamoré
Me enamoré de una idea
de un concepto de amor
y lo sentí material
dentro del pecho
Lo sacaba a pasear orgullosa
para que todos pudieran ver
que fui yo la que atrapé al amor
que todos estaban buscando.
Después de eso, me enamoré
Me enamoré de verdad
de una carne y unos huesos
de las puntas de unos dedos
y por primera vez corrí hacia una casa
que no era la mía
hablé de paseos sin rumbo
que antes odiaba
disfruté de los abrazos en público
de las manos entrelazadas
y de una mirada tan rebosante
de amor del bueno
que no necesitaba de labios para declararse
Poco a poco,
Me arranqué la nostalgia del cerebro
 la planté en el estómago
y la aboné con esperanzas
y eché tanto de menos
tanto
tanto de menos
como para huir envuelta
en una nube de adrenalina
e instintos primarios
Como si se pudiera esquivar
una bala que ya te ha atravesado.
Y ahora que las canciones no hablan de nadie
ahora que ya es tarde
para llegar a ser una estrella de rock
o una buena noticia
empiezo a entender
que queremos siempre lo que no tenemos
incluso cuando no lo merecemos
porque odiamos asumir las consecuencias
y decimos eh, me dejé llevar por lo que sentía
como si el corazón nos eximiera de la culpa
Como si se pudiera justificar un daño ajeno
con un placer propio
rollo ojo por ojo,
pero con un ciego en lugar de dos tuertos.
Ahora que sé
que prefiero destrozarte a mentirte
te colocaría de frente
y aunque no fuera capaz de mirarte
te susurraría bajito
que si pudiera volver atrás

me equivocaría otra vez. 

sábado, 18 de octubre de 2014

Hoy te he visto pasar
ha sido un segundo, y ya no estabas
he cerrado los ojos rellenos de tu cara
he soñado contigo hasta llegar a casa

Hoy te he visto pasar
y quizá fuera producto de mi mente cansada
pero me has sonreído
como se sonríe a los domingos azules de noviembre
y me ha sonado a esperanza

Hoy te he visto pasar
y han surgido chispas en mi memoria:
que ya no vives en mi barrio
ni siquiera en mi ciudad
que vendiste la bicicleta en la que paseabas
y ahora vistes ojeras a juego con el chándal

Ha sido un segundo, y ya no estabas

y quizá fuera producto de mi mente cansada

porque han saltado chispas en mi memoria:


hace más de un año que no te hago sonreír.

lunes, 1 de septiembre de 2014

I
La peor represión que existe es la autoinflingida. Llevo tres meses sin escribir, y no me pregunto el por qué, sino el hasta cuándo. Hasta cuando seguiré ajustando todas las mañanas el nudo Windsor de la garganta, pasando de largo el espejo no por descuido sino por miedo.
No sé qué puede salir de aquí.


II
Sé que no soy buena persona, pero ya no me importa: no me gustan las personas. Las personas tienen piel de sapo sin príncipe, bocas cerradas para callarse las verdades, ojos de hielo y hiel, piernas para irse lejos. Las personas siembran daño y recogen sueños: los tuyos.
Las personas odian a las personas. Las personas saben que duele más perder el tiempo que a las personas. Yo ya no quiero ser una persona. Solicito mi pasaporte de segundo.


III
La venda se ha descolgado de mis ojos
pero la tomo al vuelo y la sujeto fuerte
porque de la venda cuelgan los puentes
que me llevan a casa.

No hay nada que merezca la pena y no sea sinónimo de hogar.


IV
Hoy me siento como esos tendederos de azotea
decapitados por un Dios más sabio que el verdadero
con la certeza de que no escondían nada bueno

o al menos nada que el mundo mereciera saber.


jueves, 5 de junio de 2014

Aspirante a corazón de colibrí

Imagina un corazón
que late quinientas veces
en sólo un minuto.

Imagina que lo tienes dentro
y bombea lo que sientes
en un solo minuto
quinientas veces

Imagina un corazón
que se sale por la boca
que siente, bombea y suelta
que no se guarda las gracias
ni los secretos
ni las miserias

Y ahora escucha, colibrí,
no te dejes nada en el tintero
libera el lastre, sal a volar
no temas al viento
que el que siente y se calla
anclando sus garras al suelo
no es un ave,
no es persona:
está muerto.




sábado, 22 de febrero de 2014

Soy un caracol.

Hay muchas formas de clasificar a las personas de nuestro entorno. Las que atienden al aspecto, me parecen etiquetas; las que hablan del interior no dejan de ser opiniones. Para mí la única válida es la clasificación en base a momentos.
Los momentos son reales, pueden percibirse de distinta forma, pero se sienten. Y pensando en eso de sentir, he caído en la cuenta de que sólo me he cruzado con dos tipos de personas: las personas-albergue y las personas-casa.

Entre las personas-albergue, lo primero que encuentro es una amplia variedad. Tengo cinéfilos, escritores frustados, bailarinas, borrachos por vocación, cantautores de ducha, cuentacuentos y sabelotodos.
Aprendo de todos ellos, aunque a veces sea inconscientemente, y unas pocas contra mi voluntad.
No cabe el aburrimiento, y juntos derrochamos ganas de vivir. Joder, lo paso genial con las personas-albergue. Comodidades las justas, pero no nos importa. Quién no ha dormido en un sofá la mejor noche de su vida.
Además, son fáciles de mantener: todas las interacciones son físicas, distancias cortas. Siempre con piel de por medio, eso sí.
¿La clave para no estropearlo? No pasar demasiado tiempo con ellos. Caminos cruzados, pero no convergentes. De lo contrario, los cinéfilos acaban siendo sabelotodos; las bailarinas, borrachos; y los cantautores, cuentacuentos. Ah, y nada de domingos; los odian.

Personas-casa. Se reducen las diferencias, porque deben tener un punto en común: tú. En realidad son personas-hogar, porque te hacen encajar, te demuestran que ningún escenario es suficientemente raro o demente como para que tú no puedas hacerte hueco.
El aprendizaje puede ser algo más limitado, pero recíproco, incluso simultáneo. Se saben de memoria tu manual de instrucciones, y añaden anexos que desconocías o se habían traspapelado.
Por otro lado, un hogar es confortable por definición, hasta cuando te abraza con las manos frías. Las sonrisas duran menos pero son más ciertas, y el café sabe mejor con cariño que con azúcar.
A la vista está que no se nos da bien mantener el estado del bienestar, pero lo intentamos, al menos con nuestras personas-casa. En parte porque lo necesitan, y en parte porque nos gusta sentirnos necesitados. Altruismo egoísta, amor, llámalo como quieras, pero te quedas. El circo cambia de ciudad, se suceden las estaciones, pero sigues ahí, aunque no sigas: los reencuentros son atemporales y maravillosos.

En definitiva y para no seguir divagando: olvidas donde pasas una noche, pero no tu origen. Tu casa.
Somos caracoles enamorados de la carretera.



domingo, 5 de enero de 2014

Vive, muere o haz el pino, pero deja vivir.


Vuestra moral no es natural.
Esa crítica destructiva y sistemática
hacia lo extraño
Esas ganas de hacer daño, decidme,
¿Dónde nacieron?
¿De qué manera
y en qué momento
se integraron en vuestro maldito cerebro?
¿Cómo fueron capaces de llegar
a un consenso de rechazo tan estructurado
que parezca un producto más de la evolución?

La cuestión es juzgar
sobre experiencias ajenas, por supuesto
los trapos sucios no salen de casa, ¿verdad?
Pero ¿qué más da a dónde me lleven mis pasos?
Si no molesto,
no ataco a nadie excepto
a tu concepto de normal

Dejadme vivir,
dejadme quererme a mi manera,
dejadme probar,
que he descubierto 18 nuevos sentidos
y sospecho que hay más.
Dejadme innovar
pintar con los pies
comer con las manos
saltar en la cama
y de cama en cama
y de bar en bar.

Quiero
enamorarme de quien me dé la gana
destripar canciones en la ducha
y tatuarme hasta las uñas de los pies.
¿Altero en gran medida su exquisita rutina?
Perdone usted, no era mi intención incomodarle
Rienda suelta al cotilleo, por favor, invito yo.

¿Sabe qué más? No me gusta equivocarme
Ni ser demasiado impulsiva
(o inoportuna, a veces sólo se trata de eso)
Pero soy muy fan del:
algún día, recordaremos esto y moriremos de risa”
de ser feliz mientras buscas la felicidad
(sin prisa)
y de que sus requisitos no sean cánones
así, como una huella dactilar:
igual pero diferente.

Podéis seguir llamándolo lado oscuro
pero aquí está todo muy claro
y cada vez más lleno.
Me temo
que tendréis que aprender
a reescribir los espejos
para sacar nuestro lado bueno
cuando solo hay malo.