jueves, 1 de agosto de 2013

Autopsia del olvido.

Dices que has vuelto, pero para mí nunca te fuiste.
No es que te sienta conmigo; 
he aprendido a sentir sin ti.
Tu ausencia ya no emborrona mis noches de fiesta,
mis llamadas de las seis las reciben otros, y no les molesta
y también me abrazan y huelen bien.
He vuelto a marcar yo el compás de mi respiración,
mis latidos se cuelgan de cualquier idiota que sepa amanecer
sin amenazar la libertad que me escondías.

Ya es tarde para empezar a mentirte
no todo es azul estos días;
aunque sintonizo con todos
nunca suena mi canción favorita.
Mis defectos ya son queribles.
He perdido el miedo y créeme, es terrible
no tener nada tan importante
como para temerle;
nadie con quien temblar. 
Suspirar sin tus manos despeinándome,
despreocupándome,
desintegrándome.
Así sobrevivías tú,
aliviando mis delirios
y cargándome tu cruz.

Ponme en una balanza
a ver qué sale.

No sé
es como si los dos árboles que me dan de comer
estuvieran prohibidos
o quizás el tuyo envenenado
y el otro alimento de los rayos.

Joder, sabes de sobra
que aunque acabe comiendo del otro
siempre descanso bajo tu sombra.

Nadie elige y a nadie asombra
que se trate de otra guerra de vencidos.
Vuelvo a confundir tus recuerdos con los míos
por no tener, no tengo ni versión
y por suerte, la autopsia de este olvido
habla claro por los dos.

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