domingo, 9 de junio de 2013

Los principios se encargan de puntuar los finales.


Tengo el corazón lleno de ausencias
y una bala entre ceja y ceja
que se queja  cada vez que pienso en ti.

Nunca es tarde para darse cuenta
 de que era tarde desde el principio.

Avanzo, buscándole la boca a la vida,
y ojalá me aseste ese golpe de suerte
o de efecto.
Lo que sea con tal de  latir deprisa
y no solo cuando me miras,
y no menos cuando me olvidas.

Hay quien considera inmoral
mi instinto de supervivencia
Como si no existiera el amor en los hoteles de paso,
y mis manos fueran alérgicas a las despedidas.

Seguid odiando las renuncias,
que yo me quedo con los abrazos.          

Eso es perdonarte a ti mismo:
dejarte abrazar
por los que juraron no volver.

Y beber en los parques,
follar en los bares,
fumar en la cama.
Y al revés, y viceversa.
Dejarte romper los esquemas por cualquiera
y recomponerte,
ser diferente entre la gente corriente.

Que no te frene la nostalgia,
que lo que no mata también te mata
pero no importa si no te cortas al bailar.

La orquesta me vuelve a tocar.
“Putas
ganas
de
seguir
el

show”

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