lunes, 3 de junio de 2013

Hasta que la suerte nos reconcilie.

Según las investigaciones del Doctor Douglas MacDougall y su “teoría del peso del alma”, que se remonta a 1927, toda persona pierde 21 gramos en el último minuto de su muerte, lo que equivaldría, según él, al alma o espíritu que se ha desligado del cuerpo carnal de la persona.’

Si es cierto lo que creo, y creo que he muerto
te agradezco que me sigas hasta el infierno
porque así puedo llamarlo casa.

Cuántos suicidios no correspondidos,
cuánta saliva malgastada
que no se hace eco del vacío.

Y al final, nos entendimos:
dos huidas de muerte.

21 gramos el beso, joder,
y hubo tantos de esos
que rozamos por un momento
los huesos de la felicidad.

Dos flacos tan completos
que ni sacaron fotos.
Resbalando
con las lágrimas de un cielo
plagado de gorditos tristes.

La caída desfiguró tu rostro
y multiplicó mis tormentas.
He perdido tantas almas desde que no te conozco
que tengo mi propio purgatorio entre las piernas
y demasiada razón
-quítame un poco, que me pesa-.

Pero esto es el averno:
lo que allí es ceniza
aquí sigue siendo fuego.
Por eso


A pesar de todo,
de las multas y de los años,
vuelvo a renunciar a la vida
por tus abrazos.

1 comentario:

  1. Vuelvo a leerlo una y otra vez y me sigues salvando en cada verso.

    Bonita :)

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