viernes, 21 de junio de 2013

Nada acaba, bien.

Como una groupie sin aliento
en el asiento trasero del coche
de algún desgastado rockero:
follarme hasta el maldito aire
que despiden tus podridos pulmones.
Empañarme en tu deseo
y justo antes del último beso
cerrar sin despedirme.

Como un perro con su hueso:
dedicarme a maltratarte
desgarrándote por dentro.
Luego intentar abandonarte
por el viejo placer de buscarte.
Y esconderte, entretanto
con la esperanza y con el miedo
de volver a encontrarte

Como un soldado en el mar muerto
soñando con ser inerte:
las heridas de lo que he visto
se multiplican, y escuecen
y sé que me mantienen a flote.
Pero si me miras desde el fondo
consigues que me sienta esclavo
de mi buena suerte.

Como un médico en un cementerio:
empiezo a ser consciente
de que a veces el error
es de verdad irreversible
Y rezo, a la ciencia y sin fe
cargando mis plegarias de egoísmo
para no ver nunca a mis hijos
bajo la hierba que crece.

Así nos hemos querido:
apasionados, intermitentes,
culpables y arrepentidos.
Sin saber, hemos sido
suave susurro de la ciudad insomne,
ciegos de hambre y de vicio.
Ahora sin ser, hemos sabido
y al final, vacío.




domingo, 9 de junio de 2013

Los principios se encargan de puntuar los finales.


Tengo el corazón lleno de ausencias
y una bala entre ceja y ceja
que se queja  cada vez que pienso en ti.

Nunca es tarde para darse cuenta
 de que era tarde desde el principio.

Avanzo, buscándole la boca a la vida,
y ojalá me aseste ese golpe de suerte
o de efecto.
Lo que sea con tal de  latir deprisa
y no solo cuando me miras,
y no menos cuando me olvidas.

Hay quien considera inmoral
mi instinto de supervivencia
Como si no existiera el amor en los hoteles de paso,
y mis manos fueran alérgicas a las despedidas.

Seguid odiando las renuncias,
que yo me quedo con los abrazos.          

Eso es perdonarte a ti mismo:
dejarte abrazar
por los que juraron no volver.

Y beber en los parques,
follar en los bares,
fumar en la cama.
Y al revés, y viceversa.
Dejarte romper los esquemas por cualquiera
y recomponerte,
ser diferente entre la gente corriente.

Que no te frene la nostalgia,
que lo que no mata también te mata
pero no importa si no te cortas al bailar.

La orquesta me vuelve a tocar.
“Putas
ganas
de
seguir
el

show”

lunes, 3 de junio de 2013

Hasta que la suerte nos reconcilie.

Según las investigaciones del Doctor Douglas MacDougall y su “teoría del peso del alma”, que se remonta a 1927, toda persona pierde 21 gramos en el último minuto de su muerte, lo que equivaldría, según él, al alma o espíritu que se ha desligado del cuerpo carnal de la persona.’

Si es cierto lo que creo, y creo que he muerto
te agradezco que me sigas hasta el infierno
porque así puedo llamarlo casa.

Cuántos suicidios no correspondidos,
cuánta saliva malgastada
que no se hace eco del vacío.

Y al final, nos entendimos:
dos huidas de muerte.

21 gramos el beso, joder,
y hubo tantos de esos
que rozamos por un momento
los huesos de la felicidad.

Dos flacos tan completos
que ni sacaron fotos.
Resbalando
con las lágrimas de un cielo
plagado de gorditos tristes.

La caída desfiguró tu rostro
y multiplicó mis tormentas.
He perdido tantas almas desde que no te conozco
que tengo mi propio purgatorio entre las piernas
y demasiada razón
-quítame un poco, que me pesa-.

Pero esto es el averno:
lo que allí es ceniza
aquí sigue siendo fuego.
Por eso


A pesar de todo,
de las multas y de los años,
vuelvo a renunciar a la vida
por tus abrazos.