martes, 19 de marzo de 2013

Eso de la hipotermia, déjaselo a las yemas de mis dedos.


Si despiertas sin ti
sabré que era cierto
aquello de que la brisa
que empujaba tus veleros
presagiaba el temporal
que te haría tocar fondo

Conocías tu destino.

Y aun así decidiste vagar
capitán de tu barco fantasma.
Apagando cada faro,
dejándote llevar por el oleaje
directo al hundimiento.

Y sin escalas.
Y yo, que no atendí  tus profecías
de navíos encallados en su lastre
Sacaré a flote tus sueños
si me dejas rescatarte.

Hoy me siento un McGiver
capaz de hacer maravillas
con sólo un barquito de cartón
Y  un chaleco salvavidas

Que si se apagan las velas,
nos quedan los remos, corazón.

Y este arsenal de susurros impermeables
dispuestos a volver a explicarte
que entre ir sumando naufragios
o fondear en puertos rutinarios
la diferencia la  marcas tú, 
y no el brío del mar. 

Así que si despiertas sin ti,
que el sabor de mi sal en tus labios
ponga rumbo al horizonte.


Y que entonces entiendas
que el cielo limita 
con final de tus desengaños.

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