domingo, 31 de marzo de 2013

'Entendí que el dolor consentido era su manera de huir del olvido.'


Tiene una de esas bellezas
que se marchitan al saberlo.
Nadie osaba deshojarla
y sin embargo, os juro
que no he visto rosa más herida.

Es lo que tienen las flores bonitas,
sus espinas nacen hacia dentro
y disfrutan lamiendo su savia.
Y mayor es mi gozo, viendo su esmero
succionando cada gota de rabia.

Entendí que el dolor consentido
era su manera de huir del olvido.
Ahora sé que nací para protegerla

Por eso, y por satisfacer sus delirios
le amanecí varias veces al día.
Ella quería sentir propio el rocío.

Y yo no sabía
que esa forma suya de llorar
podía causarme tal alivio.

A veces me mira
con un “no me hagas daño”
Escondido en su aroma.

"Cómo podría.
Después de ser testigo
de tu salvación suicida.

Mis manos frías
nunca estarán a la altura
de tu autodestrucción."

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