domingo, 29 de diciembre de 2013

38 puestas de sol con el chico de ayer.

Éramos como el Cadillac de Loquillo con final feliz, pagábamos la gasolina siempre en monedas y nuestros manjares estaban envasados al vacío. Me encantaba dibujar mariposas en el vaho, como si salieran de mi boca cada vez que se tropezaba con mi rodilla al cambiar de emisora. Supongo que era invierno, o quizás estábamos tan cachondos que los cristales se sonrojaban al vernos. No me malinterpretéis, que el tiempo ni paró ni aceleró sus embestidas, pero teníamos las manos demasiado ocupadas para mirar el reloj. Quizás por eso no recuerdo nada de esos días fuera de esas cinco puertas: si mataron al presidente o cayó un meteorito, os aseguro que no aparecerá en mis memorias.
                                             
Tampoco es que fuéramos únicos, mucho menos envidiados. Nunca batimos un récord Guinness ni estuvimos envueltos en un drama estilo Hollywood. La mayor parte del tiempo las pasábamos  recostados en los asientos, esperando a que no pasara nada, como si toda la complicidad del mundo hubiera ido a parar a esos cuatro metros cuadrados. Saltábamos de lo trivial a lo trascendental, abríamos las cervezas con mechero y el corazón con más cerveza. Me confesó que nunca había pasado más de tres noches con la misma chica, pero yo era "una soledad con nombre y apellido. Su prototipo de huida". Yo lo iba a definir como una salida de emergencia cuando las cosas se ponían feas y los pies demasiado fríos, pero me calló con un beso. Lo hacía a menudo, con aire despreocupado, pero sus manos eran un rebaño de hormigas cargado de ganas y miedo. No quería que ese tráfico descontrolado de sueños sinónimos tuviera punto y final. Yo tampoco, por eso tapé con una tirita de animales el cuentakilómetros. No podía soportar como nuestra ruta 69 se convertía en una cuenta atrás. Él también tenía sus trucos; nunca se despedía. Su última palabra podía ir desde "pizza" hasta "diatriba", pero nunca pasaba por adiós. Así, construimos en silencio nuestros planes de futuro: quedarnos a vivir en aquella conversación, nuestra propia versión del Never ending tour. 

Un martes casi trece, después de horas inventando palabras para explicar a qué huelen las nubes, nos quedamos en silencio antes de tocar el cielo. Pero no uno de esos silencios cómodos en los que fluyen ideas telépatas y se acompasa la respiración. Fue un silencio tangible, pesado sobre los hombros, de los que te hacen hablar del tiempo. La despedida es el primer paso hacia una recaída, así que me salté el protocolo. Cerré la puerta, conmigo fuera, y no volví a llamar (sobria). Él no volvió a responder (nunca).

Demasiado intenso como para no ser breve. Demasiado real como para ser más explícita: no quiero que los recuerdos distorsionen los momentos, soy más de sensaciones. Me quedo con el olor a cuero de su cazadora tres tallas grande, el coro de grillos del descampado y el calor de sus manos entrelazadas en mi pelo, como si ellos fueran los enamorados y yo un polizón en su luna de miel. Ojalá pudiera conservar también el roce de su barba entre mis piernas, y su manía de morderme la nariz cuando hablaba demasiado. 

.
.
.

La historia debería acabar aquí, pero hoy me han contado que los domingos por la tarde se sienta solo al final de la barra y piensa en mi, y me han entrado unas ganas insoportables de correr hacia allí y colgarme de su cuello. Y jodernos la vida en cada intento. Y mucho sexo de reconciliación. El rollo de siempre.
Es la fuerza de voluntad la que nos hace libres, y la perdí en su golpe de suerte. 

¡Que alguien detenga este amor de verano en pleno diciembre!

domingo, 24 de noviembre de 2013

"Te debo un baile, y no una explicación"

Somos las nanas tristes que no nos dejan dormir
cómplices del momento que pudo hacernos temblar
y se quedó ahí, con ojos de “no pasa nada”
guardando esas miradas que se cruzaron en el suelo
salvando esa caricia
apenas perceptible
que no supo seguir

¿Y por qué no es la esperanza la madre de todos los vicios?
Si nuestros pecados solo siguen a rajatabla el protocolo de salvamento
búsqueda
u olvido.
El fin justifica los miedos pero no las putadas, te lo recuerdo
y el perdón, si no es a uno mismo, cae en el primer asalto de una duda.
Aun así esperamos tener razón cuando nos contradecimos
con tanto te quiero, pero me da miedo,
así que prefiero esperar al domingo para echarte de menos;
esperamos acertar
cuando no hay camino que no acabe con cristales por el suelo
o no hacer daño
cuando esperamos
sin motivo.
A veces, somos tan cínicos
que esperamos un milagro en las puertas del infierno
y después nos quejamos cuando llegamos tarde
a vidas capaces de salvarnos
de añadir matices o no sé,
emoción,
de sacarnos los colores en cualquier estación
y hacernos perder trenes que nos llevan lejos
lento,
para que podamos fijarnos en las puestas de sol
que vamos a perdernos.

Qué te voy a contar, ya estamos acostumbrados
a perdernos, equivocarnos, odiarnos
e intentar justificarnos:
demasiados puntos débiles en un cuerpo tan pequeño;
demasiado café contra tantos sueños
demasiadas carreras contra motores de viento

Demasiadas nanas tristes que no nos dejan dormir
cómplices del momento que pudo hacernos temblar
y se quedó ahí, con ojos de “no pasa nada”.
guardando a esos cobardes que no quisieron reconocerlo
salvando esa disculpa
que lo hacía posible
y no supo salir.

http://www.youtube.com/watch?v=UPhKZVJbuqQ









viernes, 25 de octubre de 2013

Ojalá vuelvas valiente

La ilusión no se crea
ni se destruye:
se contagia.

Es lo que quiero explicarte cuando me miras
o cuando escribo y borro, escribo y borro
suplicando que sepas leer entre líneas.

Yo solo quería hacerte el amor, amor
y llenarte el pecho de redundancias sabor a hierba tostada
y cerrar la ventana: que no se escape el olor de tu sonrisa
y que no nos pare el sol, que no conozco la prisa
cuando se trata de rebañar tus costillas
¿Recuerdas que te hablé de celebrar una siesta?
Pues no te vistas, que a esta ronda invito yo

Ojalá vuelvas valiente una vez más
 para aceptar mis premisas
que la libertad es una carga muy pesada
si no te atreves a compartirla;
que hay almas gemelas que se abrazan
aunque hablen idiomas distintos;
que la soledad puede echarse de más
y nuestra afinidad es capaz de morder tu ego.

No sé si pensarás en ti cuando me leas
espero que no, porque lo odias
y en el fondo tienes razón:
no necesito metáforas para explicarte
que me encanta como eres.

Podemos ser recíprocos o efímeros:
tu verás,
si quieres,
más de lo que has visto
pero yo me he cansado del ensayo error, ensayo error
demasiado pronto, o demasiado a tiempo
para darle cuerda a este recuerdo que se escapa

Que ya lo sé,
que no tenemos presente
mucho menos futuro
y 9 de cada 10 no nos recomiendan
a ninguno de nosotros.
No te asustes,
no quiero cambiar eso
ni siquiera creo que fuera posible.
Siempre quise encontrarme
en los ojos rojos
de una causa perdida.









sábado, 21 de septiembre de 2013

(Inserte título.)

Hoy he vuelto a pensar en ti
otra vez le he puesto nombre a cada segundo
de cada domingo de voz ronca y cervecitas.
He rememorado tus manos torpes y apresuradas en las primeras noches
cartografiando todos mis puntos débiles
no sin antes recalcular la duración media de nuestros abrazos
(Tengo que decir 18 minutos me siguen sabiendo a poco)

También he reinventado algunos momentos
nos he cogido de la mano y me has dado un beso
delante de tus padres y de tus primos
me has acariciado las rodillas por debajo de la mesa
y te has cagado en los muertos del inventor de las bragas.

Hoy, he pensado en ti. Y no he sido capaz de arrepentirme.
Porque has esperado como un capullo bajo mi ventana demasiadas noches de arrogancia, hasta que te invité a subir
Y desde entonces no ha habido resaca sin tus macarrones
lavadora sin tus calcetines
despedida sin tu beso en la frente
Ni siquiera considero un error los veinticuatro portazos de la última tarde
en la que suplicabas mi vuelta cuando giraba la esquina
(y lo hacía, como un pez que cada diez segundos olvida que se está ahogando)

Y es que a veces dudaba, dudo, dudaré en el futuro
si eras mi amor, o sólo mi camello:
llevo cinco meses vagando entre mis recaídas
y todavía te miro y me sangra la nariz.

STOP.

Porque hoy he vuelto a pensar en ti
pero distinto.
He marcado este día en rojo
en el calendario
en tus fotos
en mis labios.
Porque hoy es el día en el que volví a pensar en ti
y comprendí 
que con tu recuerdo me basta.

lunes, 5 de agosto de 2013

Suspira la cerveza por la espuma de tus olas.

Era Agosto, como ahora.
Dos sonrisas, sabor a sal.
Todavía hay locos que se encaprichan de estrellas fugaces;
la mía, 
igual de efímera 
pero de mar.
¿Que cómo era?
Transitoriamente especial.
Tenía a Bob Dylan en un altar,
una novela en servilletas de bar
fumaba deprisa
bailaba fatal
pero hacía vibrar hasta la lumbre de las farolas.
con esa pasión que le acompañaba hasta a comprar el pan
esa mente abarrotada de sueños baratos, para poder tener más.
¿Que cómo fue?
Primavera estival
salto mortal
complicidad furtiva.
Billete de ida 
a callejón sin salida.
Unos borrachos
sendos pulmones color asfalto
desgastando las esquinas, los portales, los lavabos.
Un rastro de despedidas infinitas
colgadas siempre del penúltimo abrazo.
Hagamos un trato:
no me olvidas si no vacías
la arena de tus zapatos.

jueves, 1 de agosto de 2013

Autopsia del olvido.

Dices que has vuelto, pero para mí nunca te fuiste.
No es que te sienta conmigo; 
he aprendido a sentir sin ti.
Tu ausencia ya no emborrona mis noches de fiesta,
mis llamadas de las seis las reciben otros, y no les molesta
y también me abrazan y huelen bien.
He vuelto a marcar yo el compás de mi respiración,
mis latidos se cuelgan de cualquier idiota que sepa amanecer
sin amenazar la libertad que me escondías.

Ya es tarde para empezar a mentirte
no todo es azul estos días;
aunque sintonizo con todos
nunca suena mi canción favorita.
Mis defectos ya son queribles.
He perdido el miedo y créeme, es terrible
no tener nada tan importante
como para temerle;
nadie con quien temblar. 
Suspirar sin tus manos despeinándome,
despreocupándome,
desintegrándome.
Así sobrevivías tú,
aliviando mis delirios
y cargándome tu cruz.

Ponme en una balanza
a ver qué sale.

No sé
es como si los dos árboles que me dan de comer
estuvieran prohibidos
o quizás el tuyo envenenado
y el otro alimento de los rayos.

Joder, sabes de sobra
que aunque acabe comiendo del otro
siempre descanso bajo tu sombra.

Nadie elige y a nadie asombra
que se trate de otra guerra de vencidos.
Vuelvo a confundir tus recuerdos con los míos
por no tener, no tengo ni versión
y por suerte, la autopsia de este olvido
habla claro por los dos.

viernes, 21 de junio de 2013

Nada acaba, bien.

Como una groupie sin aliento
en el asiento trasero del coche
de algún desgastado rockero:
follarme hasta el maldito aire
que despiden tus podridos pulmones.
Empañarme en tu deseo
y justo antes del último beso
cerrar sin despedirme.

Como un perro con su hueso:
dedicarme a maltratarte
desgarrándote por dentro.
Luego intentar abandonarte
por el viejo placer de buscarte.
Y esconderte, entretanto
con la esperanza y con el miedo
de volver a encontrarte

Como un soldado en el mar muerto
soñando con ser inerte:
las heridas de lo que he visto
se multiplican, y escuecen
y sé que me mantienen a flote.
Pero si me miras desde el fondo
consigues que me sienta esclavo
de mi buena suerte.

Como un médico en un cementerio:
empiezo a ser consciente
de que a veces el error
es de verdad irreversible
Y rezo, a la ciencia y sin fe
cargando mis plegarias de egoísmo
para no ver nunca a mis hijos
bajo la hierba que crece.

Así nos hemos querido:
apasionados, intermitentes,
culpables y arrepentidos.
Sin saber, hemos sido
suave susurro de la ciudad insomne,
ciegos de hambre y de vicio.
Ahora sin ser, hemos sabido
y al final, vacío.




domingo, 9 de junio de 2013

Los principios se encargan de puntuar los finales.


Tengo el corazón lleno de ausencias
y una bala entre ceja y ceja
que se queja  cada vez que pienso en ti.

Nunca es tarde para darse cuenta
 de que era tarde desde el principio.

Avanzo, buscándole la boca a la vida,
y ojalá me aseste ese golpe de suerte
o de efecto.
Lo que sea con tal de  latir deprisa
y no solo cuando me miras,
y no menos cuando me olvidas.

Hay quien considera inmoral
mi instinto de supervivencia
Como si no existiera el amor en los hoteles de paso,
y mis manos fueran alérgicas a las despedidas.

Seguid odiando las renuncias,
que yo me quedo con los abrazos.          

Eso es perdonarte a ti mismo:
dejarte abrazar
por los que juraron no volver.

Y beber en los parques,
follar en los bares,
fumar en la cama.
Y al revés, y viceversa.
Dejarte romper los esquemas por cualquiera
y recomponerte,
ser diferente entre la gente corriente.

Que no te frene la nostalgia,
que lo que no mata también te mata
pero no importa si no te cortas al bailar.

La orquesta me vuelve a tocar.
“Putas
ganas
de
seguir
el

show”

lunes, 3 de junio de 2013

Hasta que la suerte nos reconcilie.

Según las investigaciones del Doctor Douglas MacDougall y su “teoría del peso del alma”, que se remonta a 1927, toda persona pierde 21 gramos en el último minuto de su muerte, lo que equivaldría, según él, al alma o espíritu que se ha desligado del cuerpo carnal de la persona.’

Si es cierto lo que creo, y creo que he muerto
te agradezco que me sigas hasta el infierno
porque así puedo llamarlo casa.

Cuántos suicidios no correspondidos,
cuánta saliva malgastada
que no se hace eco del vacío.

Y al final, nos entendimos:
dos huidas de muerte.

21 gramos el beso, joder,
y hubo tantos de esos
que rozamos por un momento
los huesos de la felicidad.

Dos flacos tan completos
que ni sacaron fotos.
Resbalando
con las lágrimas de un cielo
plagado de gorditos tristes.

La caída desfiguró tu rostro
y multiplicó mis tormentas.
He perdido tantas almas desde que no te conozco
que tengo mi propio purgatorio entre las piernas
y demasiada razón
-quítame un poco, que me pesa-.

Pero esto es el averno:
lo que allí es ceniza
aquí sigue siendo fuego.
Por eso


A pesar de todo,
de las multas y de los años,
vuelvo a renunciar a la vida
por tus abrazos.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Salva-dos.


Prometimos volver,
pero no quedarnos
y los reencuentros desde lejos
son un cúmulo de despedidas superpuestas
que no encuentran el extremo
de este olvido de lana enmarañado.

Pongo un punto,
subes la apuesta dos lunares
y así quedamos,
suspensivos,
en el tiempo y el espacio.

Ahora sólo pienso
en lo que se están perdiendo los portales
desde que no me acompañas a casa.
Ahora, que el espejo del ascensor
no se entera del color de mis bragas
sólo me calma la cerveza
y en mi pecho, la certeza
de que después de ti
nunca volveré a ser fiel.


Y me vuelvo a callar
por si es cierto eso de que los sueños
si los cuentas,
ni terminan
ni se cumplen.

¿Te duele?
Pues nos vamos

¿Me quieres?
Salva-dos.

lunes, 6 de mayo de 2013

Primera y última combustión de la primavera.


Te observo
sentado en el suelo.
Llorando gasolina,
con mi mechero sin piedra.
Quieres volver a arder, pero no te sale.

Llueven cerillas
desde el infierno.
Llenan tus manos.
Pero así no tiene que ser.
Sigues machacando
mi mechero sin piedra.
Sin arder, pero quemándote.

Espero.
Calcinadas mariposas
crepitan bajo mi lengua.
Vomito chispas
que en tu piel, sólo saben a ceniza.

Me voy.
Ojalá los kilómetros
sean algo así como caladas:
breves
calmas
suicidas.
Ojalá sepa volver
antes de marcharme de nuevo.

Ojalá entonces
hayas olvidado ese mechero
Y vuelvas a pedirme fuego.

lunes, 29 de abril de 2013

A B CES.


Buscarte entre versos, vasos, besos,
y al final verte.
Desvistiéndote.
Como bailando entre vicios baratos.

Ahora dices que duele devorarme,
pero tus dedos dudan
entre dirigirse al duelo
o danzar otros diez años con mis diablos.

Andamos torpes un triste tramo
que no termina, que se traba.
Yo trato de buscar trincheras
contra tantos temores
mientras tú, trastocado temerario,
buscas a tientas tu tumba.

Tu crueldad contiene la carga
de caricias caducadas
que quieren clavarse en otros cuerpos.
Corazón, la culpa no cura.
El calmado crepitar te consume.
Y caes.

domingo, 7 de abril de 2013

No hay sitio para las despedidas.

El cielo tropezó con el fondo.
De ahí las eternas recaídas.
El nunca reincidente,
las caras ocultas de la soledad vencida.

Y que no tachen de suicida este orgullo kamikaze,
que no me aten a convicciones sociales sin salida.
Si embarro con lágrimas nuestro camino de ida
es para jugar en los charcos
a ensuciarnos el alma de vicios,
a salpicar el sexo de risa.
Si no busqué atajos a las mentiras
es porque el olvido esperaba en cualquier esquina
mientras los sueños llegaban de frente,
despacito, en fila india.

Porque la felicidad constante
se parece más a la rutina
que al amor
y yo me encadené a una puta bomba de relojería.
Cada paso era un amago de explosión
y los momentos escapaban en estampida.

Entre tantas movidas
ya no recuerdo a que dedicaba
mis semáforos en rojo
cuando nuestros trayectos solo coincidían
En cruces mal señalizados cada doscientos kilómetros.

Ya no calzo más huidas.
Traigo pies desnudos, pero ardientes
para aprender de tus piedras
sin desgastar los caminos.
Para sangrar, si es preciso
con las grietas que aún te duelan.
Y si te cansas, yo te espero.
Si pido distancia, vete lejos
pero deja un rastro de ganas de más.

Por favor, no permitas que te pierda
que me acabo de encontrar.




lunes, 1 de abril de 2013

'Me declaro incompatible con tu vida.'


Maldito reloj,
que aprovecha mi descuido
para consumir mi vida a un ritmo
incompatible con mis latidos.

¿Qué fue del despertador?
Debió haberme avisado
que mis minutos eran siglos
de ausencia en tu rincón.

Creo haberlo destrozado
por interrumpir mis sueños.
La omisión de cariño
nos trajo el invierno.

Quizás las llamadas
no tengan ya sentido
pero cómo echo de menos
tus suspiros de calor.

Y Las lágrimas, los anhelos,
la anestesia en el hielo.
Las películas, los secretos.

Amistades de humo,
incorrecto el intento
de prestar impulso
y a la vez, frenar el vuelo.

Y mira que caminaste en círculos
para engrandecer tus caminos.
Casi, casi lo conseguimos.

Pero qué egoísta mi rumbo,
qué realista el destino
y qué cierto
el olvido.

domingo, 31 de marzo de 2013

'Entendí que el dolor consentido era su manera de huir del olvido.'


Tiene una de esas bellezas
que se marchitan al saberlo.
Nadie osaba deshojarla
y sin embargo, os juro
que no he visto rosa más herida.

Es lo que tienen las flores bonitas,
sus espinas nacen hacia dentro
y disfrutan lamiendo su savia.
Y mayor es mi gozo, viendo su esmero
succionando cada gota de rabia.

Entendí que el dolor consentido
era su manera de huir del olvido.
Ahora sé que nací para protegerla

Por eso, y por satisfacer sus delirios
le amanecí varias veces al día.
Ella quería sentir propio el rocío.

Y yo no sabía
que esa forma suya de llorar
podía causarme tal alivio.

A veces me mira
con un “no me hagas daño”
Escondido en su aroma.

"Cómo podría.
Después de ser testigo
de tu salvación suicida.

Mis manos frías
nunca estarán a la altura
de tu autodestrucción."

lunes, 25 de marzo de 2013

Calle Melancolía s/n.

Cuando me miré en tus ojos vidriosos
sentí que podía pasarme la vida ahogada en ellos, y sobre esa agonía quise construir mis noches.
Aposté contra la luna el control de tus mareas al mejor de tres, para asegurarme de que este techo compartido era más que un cúmulo absurdo de casualidades inconexas. Luego vi que te quedabas a dormir, y fregabas mis platos sucios para sentir que empezábamos de cero.

Juro que por un momento te creí.

Pero luego caí en que la mierda que atascaba el sumidero eran astillas de mis huesos. Que habías dejado un impersonal olor a limón en mis recovecos, y un alma tan impoluta no era digna de este maldito cuerpo. Tomaste la justicia por tu mano, desmembrando mis problemas hasta solucionarlos, con lo bonitos que quedaban atrapados en las sábanas junto a nuestros calcetines.

Creo que ahí comenzaron las discusiones, los espejos rotos y las camas separadas. Los vis a vis en moteles de carretera, para escapar de la mirada compasiva de las grietas de la pared. Hasta entonces no vi las rejas en las ventanas, las cortinas opacas, el sombrío desastre proyectado en cada rincón de este anti-hogar nuestro.

Entendí que te mudaras, yo misma embalé tus decepciones, y no puedo negar que sentí algo de alivio. Aún así, lloré cuando observé el primer rayo de luz iluminando el vacío, sin atreverse a calentarlo. Quién coño intentaría idealizarme ahora, que había demostrado a todo el vecindario que no sé sentir sin cargas.

Lo peor de esto es que conservas las llaves, y que me resisto a cambiar la cerradura, y que no puedo evitar esperarte suplicando un nuevo intento.

Lo más jodido de odiarme, es que a ti sí te quiero. Y por eso me mantengo, sentada en el suelo, protegiendo el charco que dibujan al caer las goteras de nuestros recuerdos.

sábado, 23 de marzo de 2013

Supongo que en esto consisten los domingos de los que tanto habláis.


Empiezo a creer que los dioses han olvidado 
pasar la hojita de mi calendario 
y sigo estancada en aquel domingo. 
Esa noche,
en la que recogieron las calles demasiado pronto
y tuve que gatear descalza por un camino sin asfaltar.
Muy lento,
retrasando mi encuentro con el vacío.
Es que hay hostias contra el cielo
que te dejan sin verticalidad 
y sin cancion que tararear de vuelta a casa. 
Por supuesto, 
nunca llega el aviso de derribo
a amortiguarte el golpe.
 
Lo que me jode de que me descuarticen el corazón
es que no lo alcanzo con mi propia lengua, 
y dependo de otras bocas para repararlo.
Y claro,
cada una lo ordena como puede,
lo moldea como sabe,
y a fuerza de intentar borrar los errores con saliva,
lo dejan todo perdido de incomprensión.  
Por eso,
he reventado labios egoístas que más que ayudar,
intentaban firmar con tinta china mis ventrículos,
arrebatándome los derechos de autor de estas ruinas. 
También he visto a besos empapados de buenas intenciones
desintegrarse al contacto con mis heridas marchitas,
que se resisten a ser cicatrices
de las que pueda avergonzarme orgullosa.  
 
Mientras tanto,
seguía sin darme cuenta 
de que hay sonrisas que saben besar. 
Saturaba ceniceros de esperas de alguien a quien esperar, 
y no me percataba de que tu manía de apagar bien mis colillas 
sólo eran la manera de decirme 
que te jugarías la vida por mí en una operación a corazón abierto. 
Que tú sí sabías que mis piezas no encajaban
en casitas con valla blanca y cortacésped, 
sino en el ático más alto de una ciudad sin leyes. 
Y que desde allí, saltarían al vacío nuestros proyectos, 
y vaciaríamos juntos botellas de champán mientras remontan el vuelo. 
Algunos días, ya lo sabes, nos tocaría componer réquiems
para esas ideas que perdieron sus alas en el intento.
 
Quizás estoy yendo demasiado rápido,
y no entiendes aún por qué brillan mis pupilas. 
A ver, no sé desde cuándo es lunes,
pero seguro que tiene que ver con alguno de tus abrazos, 
esos que dan rienda suelta a mi vida.
 
Qué tontería. 
Aún no te he besado
y ya estoy odiando nuestras despedidas.

martes, 19 de marzo de 2013

Eso de la hipotermia, déjaselo a las yemas de mis dedos.


Si despiertas sin ti
sabré que era cierto
aquello de que la brisa
que empujaba tus veleros
presagiaba el temporal
que te haría tocar fondo

Conocías tu destino.

Y aun así decidiste vagar
capitán de tu barco fantasma.
Apagando cada faro,
dejándote llevar por el oleaje
directo al hundimiento.

Y sin escalas.
Y yo, que no atendí  tus profecías
de navíos encallados en su lastre
Sacaré a flote tus sueños
si me dejas rescatarte.

Hoy me siento un McGiver
capaz de hacer maravillas
con sólo un barquito de cartón
Y  un chaleco salvavidas

Que si se apagan las velas,
nos quedan los remos, corazón.

Y este arsenal de susurros impermeables
dispuestos a volver a explicarte
que entre ir sumando naufragios
o fondear en puertos rutinarios
la diferencia la  marcas tú, 
y no el brío del mar. 

Así que si despiertas sin ti,
que el sabor de mi sal en tus labios
ponga rumbo al horizonte.


Y que entonces entiendas
que el cielo limita 
con final de tus desengaños.